miércoles 24 2025

¿Porque debemos hacer este ejercicio en piragüismo?

 


 (Nota: me voy a referir a los ejercicios de los considerados "generales" más comunes que solemos realizar independientemente del medio utilizado, sean los ejercicios de autocarga o con discos).

 1.- Desde el punto de vista del ser humano como especie se trata de un movimiento fundamental. Recordad que fuimos arborícola la mayor parte de nuestera existencia.

En este contexto hay dos ejercicios fundamentales: las dominadas y los fondos en paralelas.  

 Suponen los movimientos básicos de tracción y empuje propio de un desplazamiento vertical o trepa (o bien horizontal como pasa en la natación). 

                              

               


2.- En nuestro deporte los ejercicios de los considerados "generales"  más específicos dentro de este contexto (desde el punto de vista del desplazamiento, ciñéndonos a la cintura escapular) son las tracciones y empujes horizontales, es decir, los remos y los press tumbados (por aquello de que el efecto gravitatorio solo es vertical y hay que tumbarse para aprovechar su efecto😁). 

En estos hay predominio del rango articular partiendo de flexión de hombro a 90º, lo que supone más o menos la mitad de todo el rango. 

Realizar solamente los mismo supone incrementar descompensaciones y desequilibrios en la zona.

           

             

 

 

 

 

3.- Por otro lado y dado que se puede considerar que el ejercicio "general" menos específico es el de fondos en paralelas, (empuje vertical hacia hacia abajo) en el que desplazamos nuestro peso en contra de la gravedad.  

Podemos decir que éste  contribuye a compensar y equilibrar deficiencias producidas por la especialización de los otros (y el propio paleo). 

Eso sí, se echa de menos a la hora de hacer el remonte en el surfski.

 

 4.-  En este cuadro presento un esquema para situarnos un poco sobre lo dicho y se presentan otros ejercicios para intentar cubrir todo el rango articular y movimientos básicos a nivel de cintura escapular.


Tracción 

Empuje

Vertical arriba

Dominadas


Tracciones en polea

Press militar


Fondos haciendo el pìno (no suele hacerse)

Vertical abajo

Dominadas invertidas,

cabeza abajo(no es común hacerla)

Fondos en paralelas

Horizontal

Remos


Dominadas australiana

Press banca

Fondos en el suelo


  5.- Además se trata de un ejercicios básico en la extensión de codo, en este caso sería la progresión lógica a los fondos en el suelo. En este (que es de empuje horizontal) solo se desplaza aproximadamente  el 55% del peso corporal, en las paralelas es el 100%. 

 




 6.- Realizado de forma correcta (como no debería ser de otra manera) en su empuje final  se considera que es un ejercicio que contribuye a liberar espacio en el manguito de los rotadores. Contribuyendo a la prevención de lesiones en la zona. 

 


 Ese empuje final  consiste en una acción de descenso del muñón del hombro o lo que es lo mismo extender el cuello hacia arriba para que no quede embutido entre los hombros. 

7.- Es importante entrenarlo desde edades tempranas, con la consiguiente progresión. Eso contado con que no seas un animal de parque, con lo cual puede que ya lo traigas entrenado de serie. 

 
 
 
 
 
8.-  Si aún no lo ves claro, déjate llevar. Si lo hace Arnold .... lo que es bueno para él , es bueno para ti (....casi todo 😁).
 
 
 
 

 
 Los fondos en paralelas fue un ejercicio fundamental en nuestros comienzos. Las pesas de que disponíamos eran unas de cemento que elaboramos con los consejos de Tomás. Debían pesar unos 15k y duraron más de lo esperado. 
 
 Frente al club, aproximadamente donde hoy está el monumento "Nuevo Universo" se encontraba un parque infantil a modo de rotonda en ese extremo del paseo marítimo. 

 
 
Había un columpio de una 3 unidades, un balancín y una torre de unos tres metros para que los niños treparan. 
Esta torre era lo más interesante para nosotros.  
Consistía en una estructura rectangular vertical elaborada a base de tubos. De cada lado salía una extensión similar a la central de tal manera que visto desde arriba era una cruz con 4 brazos. 
 
Nos metíamos en uno de estos, de tal manera que estabas rodeado de una escalera, dejando un hueco interior de  unos 80cm de largo de cada barrote y una separación de unos 60cm a cada lado. 
En los dos ultimo barrote hacíamos el agarre y se podían hacer dominadas neutras. Si te subía arriba del todo te agarrabas a los laterales y hacíamos los fondos en paralelas
3 o 4 series de 10 rep eran todo un clásico, si no podías te ayudabas apoyándote en los barrotes inferiores. Después nos íbamos al murete del paseo marítimo y hacíamos extensiones de tronco y abdominales. También solíamos hacer fondos en el suelo. 
  

Con estos recursos puede que estuviéramos unos 4 años. Sobre 1984 nos enteramos que había unas pesas y bancos sin estrenar en el polideportivo municipal, así que junto a Juanmi y Celestino (de vez en cuando se unía alguien más pero esos eran los incondicionales) empezamos a usarlos. El mismo "almacén" se convirtió en nuestro gimnasio.

 Esas pesas y el enclenque banco amarillo de Salter aún andan en uso en las instalaciones municipales (el banco ya no es amarillo ni los discos son rojos). 

Luego ya se construyo el pabellón con su "sala de musculación" y allí solíamos entrenar hasta que ya al mediados de los 90 compramos los discos Salter que tenemos en el gimnasio.  Fui a por ellos a Sevilla en el 127 de mi padre. Por la Avenida de Kansas City tuve que parar y equilibrar por el vehículo los cerca de 200 kl. Inicialmente lo metí todo en el maletero con lo que podemos decir que el "coche iba alto de proa" lo que provocaba que fuera !!culeando de popa¡¡¡. 

 Mi primo fabricó los bancos con unos patrones que nos facilitó Tomás y así tuvimos nuestro primer " gimnasio serio".... en las mismas "oficinas del club".

 Comentarios y aportaciones son apreciados  😘.


sábado 27 2025

Capítulo IV ( y último) De como llegamos a aguas de Sanlúcar sanos y salvos.

 Arribamos a la nave que se trataba de un yate fueraborda con cabina de unas 8 a 9 brazas.  

Nos presentamos ante su capitán. Este se mostró en un principio reacio y desconfiado pues posiblemente nos tomó por piratas berberiscos con no muy sanas intenciones. En breve y por nuestro parlamento fue obvio que éramos gente de paz y más aun, necesitada. 

Como primera medida optó por lanzarnos un cabo al cual debíamos asirnos y ser arrastrado. Las camballadas y balanceos que sufrimos nos propinó varias oportunidades de zozobra . Así que el Capitán optó por permitir que accediéramos al buque. En un primer intento colocamos nuestro k4 paralelo a la borda de babor y sobre la barandilla;  pero la inestabilidad era tal que finalmente se optó por colocarlo sobre el techo de la cabina, de tal manera que apoyado en esta debía ser apuntalado por nosotros mismos a proa y popa para evitar su quiebro. 

Íbamos rotando en las posiciones pues a proa hacía más frio que a popa al estar aquí al resguardo de la cabina. 

La tripulación estaba integrada por una familia con sus dos hijos que se dirigía a Sanlúcar con motivos de las festividades de la Semana Santa.

Nuestro aspecto demacrado y escuálido hizo que la buena señora fuera preparando sustento a los que rotaban en popa, más a su alcance. 

El bocadillo de salchichón (me comí hasta la pimienta) cayó en el vacío de mi estómago como cubo que lanzas desde el brocal. Una vez asentado fue completado por una buena ración de galletas maría y un vaso de leche que absorbí con tal placer que cerré los ojos para aumentar su efecto.  

No recuerdo exactamente el tiempo transcurrido, tal vez una hora o algo más o algo menos. 

Por estribor apareció una Zodiac gris tripulada por el maestre Antonio Morales, hermano de nuestro capitán, alias "el madelman" ; lo acompañaba un descamisado, por la brisa marina,Morales "el corto". Se veía que portaban los famosos sustentos para la expedición (y casi para diez expediciones más). 

Llevaban  todo el día esperando en el Brazo del Noroeste y ya que el caer de la noche se acercaba con grande preocupación. A lo que se sumaba el hecho de no poder adentrarse más en las aguas para nuestra búsqueda; para no ser ellos los rescatados por las limitaciones del combustible.

Con su escolta seguimos la navegación hasta el momento en que tuvimos que pasar a remo dado que nuestros rescatadores alcanzaban su cobijo en el puerto de Bonanza y nosotros debíamos continuar hasta la playa. 

El Poniente soplaba quieto, la superficie del agua como un espejo, el sol en plena puesta -según la tabla horaria consultada debía  ser aproximadamente la octava hora del día-. En este entorno incomparable hicimos nuestra última cabalgada hacia la gloria. Las energía repuestas y el ánimo impoluto nos hizo aparecer frente a nuestros recibidores con un halo de vigorosidad legendaria. 

No recuerdo exactamente quienes eran los allí congregados, lo que si recuerdo es el grado de satisfacción que reflejaban sus rostros tras la liberación del peso de las preocupaciones almacenadas durante todo el día; además de los ya nombrados: mis padres, "el Bueno", Anamari .........

Nos mostraban su ayuda a la vez que nos bombardeaban a preguntas fruto de las dudas generadas. 

La noche terminó de extender su manto y cada mochuelo fue a su olivo.

Estaba tan cansado que fui directamente al catre. El picor de la sal, los gorgojeos del estómago y cualquier otro óbice que se adhiriera no fueron motivo para que el peso de la fatiga me hiciera cerrar los ojos, me arremolinara en las sábanas y me quedara profundamente dormido. 

Al día siguiente, con el sol ya alto desperté dolorido pero con la satisfacción de haber participado en tan alta gesta.

 

 

 

Notas finales: 

El 10 de agosto de 1519 partió de Sevilla la escuadra de Magallanes y Elcano que circunnavegaron por primera vez nuestro planeta. El 20 de septiembre se adentraron en el océano Atlántico desde nuestra localidad. El sábado 6 de septiembre de 1522 llegaron los restos a Sanlúcar.

 

 

El primer párrafo de esta serie está literalmente tomado del inicio de la crónica de Pigaffeta de esta expedición. 

Algún otro pasaje está utilizado con ironía ( ausencia de cañonazos en nuestra partida de Sevilla), con hipérbole, el " ataque" de las hormigas a Fali (es el ataque de los nativos que terminó con la vida de Magallanes). Referencias a indigenas o a tierras inhóspitas. Seres mitológicos. El hambre y la fatiga que es una diezmilesima parte de la que debieron padecer los expedicionarios quedan reflejados de alguna manera. 

Todo lo narrado es cierto excepto  mi sueño en la marisma. Si bien me quedé profundamente dormido no soñé nada. Lo que cuento esta tomado de una actuación del grupo musico-cómico argentino "Les Luthiers". Como siempre me hizo gracia aproveché para incluirlo. 

 

Ante todo debo pedir perdón por este ejercicio tan pretencioso por mi parte. El intentar imitar la escritura del siglo de oro o por ahí; queda bastante alejado de mis posibilidades y capacidades; pero... ¿a que da el pego? 😁😁😁.   

Ni que decir tiene que cuando me/nos atribuimos estatus de héroes es pura ironía. Desde nuestra en parte inconsciencia y fuerza y juventud hacíamos cosas como estas y muchas más que hoy día sería impensable. 

Básicamente porque los niños de hoy digamos que tienen otros intereses y por otra parte: ¿qué adulto de hoy día dejaría que su hijo hiciera una como esta? (y otras que hicimos y mejor no contar jajajaja)  

 La grafía utilizada sé que no ha sido cómoda para muchos, yo también terminé acostumbrándome 😛😜😜. 

 

 

sábado 23 2025

Capítulo III De nuestro trancurrir por el río y los mucho peligros a los que nos enfrentamos.

 

( pasa abajo para leer con fuente no artística)


Al breve de trascurrir en sus aguas divisamos como un ser sibilino - que no podía proceder más que de las mismas entrañas del Averno del Ponto, Tal vez enviado por los propios demonios que allí habitan al servicio del Lucifer de las profundidades y que emerge a la superficie sin más tarea que traer el mal y la destrucción a la humanidad-  el cual nos llenó de un pavor aterrador que aún en el día de hoy y tras el tiempo transcurrido me hiela la sangre. Se veía que o bien no disponía de la habilidad de mirar de reojo, como por ejemplo la familia de los équidos, o bien su menester de procurar el mal no incluía a nuestras personas. Hizo que este monstruo marino  tomara andurrios alejados de nosotros. El ser infernal de aspecto parecido a una culebra de no más de dos palmos atravesó el río a unos quince metros de nuestra proa haciendo que nuestras pulsaciones se ajustaran al esfuerzo y no al cangelo. por su denostada presencia. que se alejaba.

 

 El siguiente episodio tuvo lugar en el paso de Coria del Rio. Divisamos las blancas casas de esta localidad ribereña.. El infundio de animosidad que nos produjo tal visión nos aportó un vigor especial. ¡Por fin! un atisbo de civilización..... después de dos millas..


.

El paisaje de casas trascurría y a mitad más o menos hicimos una parada puesto que debíamos dar paso a la Barcaza que hacía su servicio de paso de orilla a orilla.  Fuimos consciente como la tripulación y viajeros percibieron en nuestros ojos la mirada del tigre. Y supongo que se preguntarían de dónde venían o iban (esos pringaos) .  

A partir de aquí la naturaleza salvaje se hizo acopio de nuestras almas. 

El ritmo no se perdió hasta millas más tarde. No recuerdo la hora; pero si se que era la de comer o más aún, puesto que las necesidades de sustento de los héroes no es diferente al resto de los mortales. Y las tripas sonaban con especial animosidad.


Allende en la distancia divisamos un cortijo o similar. Localizamos una orilla apropiada para realizar un desembarque y dar cuenta de las vituallas energéticas que el equipo de logística había preparado para nuestro sustento. 

las energéticas vituallas que el equipo de logística había preparado para nuestro sustento consistía básicamente en tres bocadillos de fiambres variados - supongo que adivináis porqué no eran al menos cuatro- y una botella a media de agua. 

Descubrimos con pavor que dichas vituallas estaban totalmente empapadas debido a la penetración del agua de la sentina del buque en las bolsas de plástico en que se hallaban envueltas y que el susodicho equipo no había testado previa y convenientemente como hacen los de la NASA y los americanos. 

En una piedra muy apropiada en dimensiones y condiciones decidimos dejar abiertos los bocadillos a fin de que estos se secaran con el sol y pudiéramos hincar el diente al menos a la mortadela, chorizo y salchichón que componía su interior y alegría de nuestros atrofiados estómagos. 

A continuación nos dirigimos al cortijo allí cercano. No tardó en dar la voz de alarma los ladridos. El spaniel breton ( o similar) que se dirigió amenazadoramente hasta nuestro grupo que realizábamos una coreografía consistente en realizar unas rotaciones entre nosotros, no para buscar refugio sino para dar refugio valientemente a los compañeros ofreciendo nuestro pecho descubierto a la posible agresión canina.

 No estoy seguro si el perro, tras percatarse de la calidad de nuestras personas le entró tufillo o fue la voz de la dueña que se acercaba seguida de un par de chiquillos, lo que hizo que el animal nos oliera un par de veces y continuara su camino sobrepasando nuestra compaña. 

 satisfaciendo toda la curiosidad de la dueña, le respondimos a todas sus preguntas.

. Nosotros previamente habíamos convenido en derivar nuestra verborrea a temas culinarios intentando hacerle ver la necesidad de tales menesteres por nuestra supervivencia y buen fin de nuestra empresa. 

Entre chanzas y titubeos propios de las conversaciones informales se ve que la buena señora o era difícil de convencer o no llegamos a explicarnos bien o no llegó a captar la esencia del mensaje. El caso es que solo alcanzamos a que los chiquillos que la acompañaban nos proporcionaran unos vasos de agua que absorbimos con fruición y deleite para nuestras gargantas. 

En ello apareció el perro cuyas fauces portaba algo parecido a algún resto de cárnicos procesados. Creo que fue Fali el que reaccionó el primero gritando ¡los bocadillos! y acto seguido fue a comprobar la veracidad del cometido crimen. 

Por no importunar a la señora con la mancha de la responsabilidad y la culpa bromeamos hipócritamente sobre la poca importancia que tenía el hecho. Nuestras risas ( y la de la señora y chiquillada presente) contrastaba con el sentir de desgracia e infortunio que nos auguraba un futuro de escasez y sufrimiento gástrico. 

En esto la buena mujer hizo de pasada una referencia sobre la frecuencia con que los camaroneros se acercaban por aquellas latitudes. De la conversación que seguimos de forma razonada extraimos la motivante conclusión de que en la siguiente curva o muy poco más allá debía estar el brazo del Noroeste donde supuestamente nos esperaba el equipo de apoyo y/o rescate. 

Esto unido a nuestros estómagos engañados por el relleno de líquido elemento hizo que nuestras mentes y cuerpos adquirieran un vigor que nos invitó a continuar con nuestro viaje. 

Cuando después de duro palear giramos en la siguiente curva, apareció otra y luego otra. Esto, unido a la entrada del poniente, hacia que el palear no fuera del todo agradable. Cuando mis brazos enflaquecían recibía un aviso por la retaguardia de lo más estimulante que me hacia restituirme inmediatamente. Se me venía a la cabeza la escena de Ben-Hur, esa del galeote cortandose un pie con el hacha para que las cadenas no lo arrastrasen al fondo. 

Cuando las fuerzas daba para poco en todo el equipo decidimos desembarcar y buscar otra forma de llegar a Sanlúcar. 


En un lugar que vimos apropiado realizamos el desembarque e inicialmente nos dispusimos a  descansar con el fin de que con el cerebro mas centrado viniera alguna idea que nos sacara de aquel infierno. 

Fali se echo en el suelo y según relata empezó a notar un "hormigueo" en las piernas. Efectivamente eran hormigas nativas que lo atacaban impunemente, con saña y desmesura por lo cual recurrió a toda sus armas para combatir en esta desigual batalla (para las hormigas). 

Estas cometieron el error de no identificar a nuestro comandante y viendo que el punto débil eran las piernas atacaban ahí alejadas de puntos vitales y obviamente más a la mano para ellas. Cabezas y miembros destrozados volaban por doquier. Las envestidas de tan fieros animales cesaron en favor del agredido que por no causar más daño retirose del hormiguero y estas, cobardes no fueron capaces de continuar el combate retirandose a sus cuarteles. 

Observé la escena y la verdad es que no me reí mucho porque en esos momentos me volqué hacia atrás clavándome terrones de fango reseco y otros restos puntiagudos de la naturaleza que en esos momentos me pareció un mullido colchón y quedome dormido.   

Tuve un extraño sueño donde nos veía a nosotros mismos con harapos, morriones , espadas y armaduras en a la orilla de un río ecuatorial negociando hábil y embaucadortamente con desarrapados indígenas. Intercambiamos oro por baratijas. ¡Qué desigual canje! ¡qué timo! ¡qué abuso!: Nosotros le dábamos oro y ellos a nosotros...... baratijas.  

Despertome brusca e inesperadamente  fruto de un alabardazo en el muslo. Me incorporé y reaccioné con rapidez felina y aplasté  con todas mis ganas un horripilante ser que con forma de mosca caballo intentaba succionar todos mis jugos vitales. 


Cuando retiré la mano observé como esta se iba volando muy a la ligera y en cierto modo aprecié un rictus de sonrisa en sus labios, (de haberlos tenido). 

Pude comprobar que en esos momentos me encontraba totalmente solo en aquél erial. Eché un vistazo a mi alrededor y allí en la lontananza pude ver a tres figuras que se desplazaban  en irregular fila india. Me puse camino de alcanzarlos a ver que estaban tramando o si habían localizado el camino de nuestra salvación o iban allí por mera curiosidad. Más al fondo parecía que un vehículo pasaba por un camino o carretera, así que con un rápido razonamiento lo entendí todo. No recuerdo si en un plano intermedio había alguna vivienda o similar. 

El caso es que cuando estaba a poco de alcanzarlos, estos se dieron la vuelta y empezaron a correr hacia mi posición. Esta retirada estratégica fue debida a la persecución que de pronto empezaron a padecer por parte de un mismísimo Cancerbero. 

Yo hice lo propio animado con la ventaja que les procesaba y que me daba una distancia de seguridad ante tal horrendo peligro. Llegado al margen determinado por su instinto natural la Bestia concluyó su labor pasando completamente de nosotros y con la satisfacción de su labor cumplida. 

Unificado el grupo nos dirigíamos a nuestra nave varada a fin de continuar el camino. En ese momento di la voz de alarma ante la aparición de una nave desde el nordeste. Con la agilidad mental que le caracterizaba, nuestro capitán dio orden de pasar a la carrera, embarcar y dirigirnos a ella a fin de pedir auxilio en nuestra desventura.............

 


 

  

Al breve de trascurrir en sus aguas divisamos como un ser sibilino - que no podía proceder más que de las mismas entrañas del Averno del Ponto, Tal vez enviado por los propios demonios que allí habitan al servicio del Lucifer de las profundidades y que emerge a la superficie sin más tarea que traer el mal y la destrucción a la humanidad-  el cual nos llenó de un pavor aterrador que aún en el día de hoy y tras el tiempo transcurrido me hiela la sangre. Se veía que o bien no disponía de la habilidad de mirar de reojo, como por ejemplo la familia de los équidos, o bien su menester de procurar el mal no incluía a nuestras personas. Hizo que este monstruo marino  tomara andurrios alejados de nosotros. El ser infernal de aspecto parecido a una culebra de no más de dos palmos atravesó el río a unos quince metros de nuestra proa haciendo que nuestras pulsaciones se ajustaran al esfuerzo y no al cangelo. por su denostada presencia. que se alejaba.

 

 El siguiente episodio tuvo lugar en el paso de Coria del Rio. Divisamos las blancas casas de esta localidad ribereña.. El infundio de animosidad que nos produjo tal visión nos aportó un vigor especial. ¡Por fin! un atisbo de civilización..... después de dos millas..


.

El paisaje de casas trascurría y a mitad más o menos hicimos una parada puesto que debíamos dar paso a la Barcaza que hacía su servicio de paso de orilla a orilla.  Fuimos consciente como la tripulación y viajeros percibieron en nuestros ojos la mirada del tigre. Y supongo que se preguntarían de dónde venían o iban (esos pringaos) .  

A partir de aquí la naturaleza salvaje se hizo acopio de nuestras almas. 

El ritmo no se perdió hasta millas más tarde. No recuerdo la hora; pero si se que era la de comer o más aún, puesto que las necesidades de sustento de los héroes no es diferente al resto de los mortales. Y las tripas sonaban con especial animosidad.


Allende en la distancia divisamos un cortijo o similar. Localizamos una orilla apropiada para realizar un desembarque y dar cuenta de las vituallas energéticas que el equipo de logística había preparado para nuestro sustento. 

las energéticas vituallas que el equipo de logística había preparado para nuestro sustento consistía básicamente en tres bocadillos de fiambres variados - supongo que adivináis porqué no eran al menos cuatro- y una botella a media de agua. 

Descubrimos con pavor que dichas vituallas estaban totalmente empapadas debido a la penetración del agua de la sentina del buque en las bolsas de plástico en que se hallaban envueltas y que el susodicho equipo no había testado previa y convenientemente como hacen los de la NASA y los americanos. 

En una piedra muy apropiada en dimensiones y condiciones decidimos dejar abiertos los bocadillos a fin de que estos se secaran con el sol y pudiéramos hincar el diente al menos a la mortadela, chorizo y salchichón que componía su interior y alegría de nuestros atrofiados estómagos. 

A continuación nos dirigimos al cortijo allí cercano. No tardó en dar la voz de alarma los ladridos. El spaniel breton ( o similar) que se dirigió amenazadoramente hasta nuestro grupo que realizábamos una coreografía consistente en realizar unas rotaciones entre nosotros, no para buscar refugio sino para dar refugio valientemente a los compañeros ofreciendo nuestro pecho descubierto a la posible agresión canina.

 No estoy seguro si el perro, tras percatarse de la calidad de nuestras personas le entró tufillo o fue la voz de la dueña que se acercaba seguida de un par de chiquillos, lo que hizo que el animal nos oliera un par de veces y continuara su camino sobrepasando nuestra compaña. 

 satisfaciendo toda la curiosidad de la dueña, le respondimos a todas sus preguntas.

. Nosotros previamente habíamos convenido en derivar nuestra verborrea a temas culinarios intentando hacerle ver la necesidad de tales menesteres por nuestra supervivencia y buen fin de nuestra empresa. 

Entre chanzas y titubeos propios de las conversaciones informales se ve que la buena señora o era difícil de convencer o no llegamos a explicarnos bien o no llegó a captar la esencia del mensaje. El caso es que solo alcanzamos a que los chiquillos que la acompañaban nos proporcionaran unos vasos de agua que absorbimos con fruición y deleite para nuestras gargantas. 

En ello apareció el perro cuyas fauces portaba algo parecido a algún resto de cárnicos procesados. Creo que fue Fali el que reaccionó el primero gritando ¡los bocadillos! y acto seguido fue a comprobar la veracidad del cometido crimen. 

Por no importunar a la señora con la mancha de la responsabilidad y la culpa bromeamos hipócritamente sobre la poca importancia que tenía el hecho. Nuestras risas ( y la de la señora y chiquillada presente) contrastaba con el sentir de desgracia e infortunio que nos auguraba un futuro de escasez y sufrimiento gástrico. 

En esto la buena mujer hizo de pasada una referencia sobre la frecuencia con que los camaroneros se acercaban por aquellas latitudes. De la conversación que seguimos de forma razonada extraimos la motivante conclusión de que en la siguiente curva o muy poco más allá debía estar el brazo del Noroeste donde supuestamente nos esperaba el equipo de apoyo y/o rescate. 

Esto unido a nuestros estómagos engañados por el relleno de líquido elemento hizo que nuestras mentes y cuerpos adquirieran un vigor que nos invitó a continuar con nuestro viaje. 

Cuando después de duro palear giramos en la siguiente curva, apareció otra y luego otra. Esto, unido a la entrada del poniente, hacia que el palear no fuera del todo agradable. Cuando mis brazos enflaquecían recibía un aviso por la retaguardia de lo más estimulante que me hacia restituirme inmediatamente. Se me venía a la cabeza la escena de Ben-Hur, esa del galeote cortandose un pie con el hacha para que las cadenas no lo arrastrasen al fondo. 

Cuando las fuerzas daba para poco en todo el equipo decidimos desembarcar y buscar otra forma de llegar a Sanlúcar. 


En un lugar que vimos apropiado realizamos el desembarque e inicialmente nos dispusimos a  descansar con el fin de que con el cerebro mas centrado viniera alguna idea que nos sacara de aquel infierno. 

Fali se echo en el suelo y según relata empezó a notar un "hormigueo" en las piernas. Efectivamente eran hormigas nativas que lo atacaban impunemente, con saña y desmesura por lo cual recurrió a toda sus armas para combatir en esta desigual batalla (para las hormigas). 

Estas cometieron el error de no identificar a nuestro comandante y viendo que el punto débil eran las piernas atacaban ahí alejadas de puntos vitales y obviamente más a la mano para ellas. Cabezas y miembros destrozados volaban por doquier. Las envestidas de tan fieros animales cesaron en favor del agredido que por no causar más daño retirose del hormiguero y estas, cobardes no fueron capaces de continuar el combate retirandose a sus cuarteles. 

Observé la escena y la verdad es que no me reí mucho porque en esos momentos me volqué hacia atrás clavándome terrones de fango reseco y otros restos puntiagudos de la naturaleza que en esos momentos me pareció un mullido colchón y quedome dormido.   

Tuve un extraño sueño donde nos veía a nosotros mismos con harapos, morriones , espadas y armaduras en a la orilla de un río ecuatorial negociando hábil y embaucadortamente con desarrapados indígenas. Intercambiamos oro por baratijas. ¡Qué desigual canje! ¡qué timo! ¡qué abuso!: Nosotros le dábamos oro y ellos a nosotros...... baratijas.  

Despertome brusca e inesperadamente  fruto de un alabardazo en el muslo. Me incorporé y reaccioné con rapidez felina y aplasté  con todas mis ganas un horripilante ser que con forma de mosca caballo intentaba succionar todos mis jugos vitales. 


Cuando retiré la mano observé como esta se iba volando muy a la ligera y en cierto modo aprecié un rictus de sonrisa en sus labios, (de haberlos tenido). 

Pude comprobar que en esos momentos me encontraba totalmente solo en aquél erial. Eché un vistazo a mi alrededor y allí en la lontananza pude ver a tres figuras que se desplazaban  en irregular fila india. Me puse camino de alcanzarlos a ver que estaban tramando o si habían localizado el camino de nuestra salvación o iban allí por mera curiosidad. Más al fondo parecía que un vehículo pasaba por un camino o carretera, así que con un rápido razonamiento lo entendí todo. No recuerdo si en un plano intermedio había alguna vivienda o similar. 

El caso es que cuando estaba a poco de alcanzarlos, estos se dieron la vuelta y empezaron a correr hacia mi posición. Esta retirada estratégica fue debida a la persecución que de pronto empezaron a padecer por parte de un mismísimo Cancerbero. 

Yo hice lo propio animado con la ventaja que les procesaba y que me daba una distancia de seguridad ante tal horrendo peligro. Llegado al margen determinado por su instinto natural la Bestia concluyó su labor pasando completamente de nosotros y con la satisfacción de su labor cumplida. 

Unificado el grupo nos dirigíamos a nuestra nave varada a fin de continuar el camino. En ese momento di la voz de alarma ante la aparición de una nave desde el nordeste. Con la agilidad mental que le caracterizaba, nuestro capitán dio orden de pasar a la carrera, embarcar y dirigirnos a ella a fin de pedir auxilio en nuestra desventura.............

martes 05 2025

Capítulo II De como ..... bajamos el k4 por el rio.

 (si quieres una fuente menos artística, pasa al final)

Capitulo 2º Donde se cuenta los preparativos y la partida de aguas sevillanas

Nuestro capitán general D. Francisco Morales había resuelto emprender un largo viaje por el Guadalquivir, donde las corrientes y vientos acechan malignas. 

El fin era transportar la embarcación adquirida a nuestra localidad de Sanlúcar de Barrameda desde donde se hallaba depositado: las instalaciones del Club del El Real Círculo de Labradores de Sevilla.

En siendo el año de nuestro señor Jesuscrhisto de milnueveycientos y ochenta y en el día de la Eucaristía de 3 de marzo  hallábame yo, el que suscribe, en una dulce mañana en brazos de Morfeo en cuando Madre requirió mi despertar por imperativo del citado.

En yo sabiendo de la empresa que andaba trajinando y de las muchas vicisitudes que por la deducción de mi joven mente habían de acaecer.  Llenose mi alma de gozo por la partición en tales aventuras que esperaba iban a suceder.

Dábase el caso que éste no encontró tripulación suficiente para tal logro, con lo cual recurrió a mis servicios como extrema medida. 

Encontrábame yo en esos momentos en plena bisoñez en la práctica del manejo del remo o pala (como es más correcto, al no disponer ésta de apoyo en la embarcación)  y habiéndose cumplido el año y tres días invertidos en tales esfuerzos y ejercicios.  

Siendo informada mi Santa Madre en las faenas que me iba a ver involucrado,  y en no aportándoles muchos detalles de las tales,  y con el aditamento de la sobriedad  en los pormenores más supuestamente escabrosos,  no costó mucha labor obtener el visto bueno de ésta.  

He de decir que mi Padre al que estimaba y respetaba por encima de todas las cosas no se hallaba presente por estar realizado las suyas labores. De no haberse dado esta circunstancia muy posiblemente hubiere tornado la aventura que iba a acaecer en ociosidad obligada acompañada del sucesivo hastío y descontento por mi parte. 

Mirando ella por mi sustento prestose a prepararme unas viandas con las que hacer más llevadero el camino. 

Percatandose Paco de que el tiempo apremiaba, dado que no deberían faltar no más de dos o tres horas  para el mediodía y que aún debíamos trasladar nuestras personas a Sevilla.  Propuso con presteza que tal no había menester pues la logística de la expedición, habiendo previsto tales carestías , la había contrarrestado con una profusa provisión de los más energéticos manjares.

Presto me invitó a que me proveyera a la mayor celeridad de la indumentaria de rigor propia de un día de piraguas cualesquiera: camiseta y bañador.  

Tal era la velocidad que atribuíamos a un K4 que esperábamos el arribo a las playas de Sanlúcar tal vez un poco más tarde de la hora de almorzar. Esto, intuyo a día de hoy , que fue una estratagema del astuto Paco para inculcar prisas en mi proceder.   

El Renault V esperaba en la puerta con Maese D. Morales - al que añadíamos el apelativo de El Corto, puesto que, como puedes, lector, deducir , había otro cuyas dimensiones hacía que fuera bien proceder aplicar la de "El Largo"-  al control y conducción del Vehículo. 

Una vez más, Paco se lo había trajinado, a saber cómo,  para hacerlo participe de otra de sus creaciones mentales y aquél habiéndose  visto comprometido actuaba, en parte,  de catalizador para tomar la iniciativa del proceso y que esta no terminara por consumirse desastradamente.

 El resto de la tripulación, Tomás y Fali, contribuyendo a la tal nombrada presteza producto del aburrimiento y la impaciencia  ya me hacían sitio para ubicarme y partir. 

La contemplación del paisaje -básicamente una extensa e interminable llanura de marisma-, el transcurrir de las leguas del trayecto en la comodidad del coche, o tal vez el sol de la mañana; hizo que se fuera imponiendo cierto nivel de raciocinio que, tras breves deliberaciones, llevaron a nuestros líderes a tomar la opción de ir directo al Prado de San Sebastián.  Y convencer al chofer, al de la taquilla o al primer ministro de los Amarillos para que nos trajera el K4 en el techo del autobús. 

Ni que decir tiene que una vez propuesta la opción no se tardó ni dos con dos  en ser desechada por la muy falta de colaboración a los propuestos. Siendo  el retorno con el rabo entre las piernas soportando la mofa de los allí presentes, más aún cuando estos procuraban mostrar rictus serios.

Una vez en el Real Círculo de Labradores -que se encontraba vacío de personal al estar de descanso por la celebración del consabido  Campeonato de España de larga distancia en el fin de semana anterior (donde obtuvieron la segunda posición tras los Gorilas de Candás)- admiramos nuestro flamante K4

 

El K4 posiblemente el año 82. Está en la explanada hoy ocupada por el pabellón. Se aprecia la puerta corredera de entrada donde está Juanmi (la ropa colgada es suya).

 

Los colores de nuestra patria Andaluza resaltaban estilizadamente en un artilugio que no podía haber sido diseñado para otra cosa que para la más absoluta velocidad . Allí reposaba en el cesped como un tigre al acecho listo para una envestida imposible de refrenar. 

Tal espíritu se nos contagió en tal alta estima que ya no esperábamos terminar el recorrido antes de la hora de almorzar;  sino que lo ejecutaríamos ya mucho antes de los aperitivos, e incluso nos sobraría tiempo. 

Maese Morales inmortalizó esos momento en dos instantáneas - que por cierto algún hideputa extrajo del álbum de fotos del club con la intención ciertamente sibilina de hacer caer en las profundidades de la memoria tal evento y que yo con la fuerza de la palabra me dispongo a lanzarla a la eternidad- En una de ellas se aprecian los preparativos y en la otra la tripulación acoplada, pegada aún al pantalán y a punto de la partida. en Una tercera se muestran los detalles de algunos de los últimos momentos de la aventura que relataré cuando proceda.  

En resumen: : 

Paco como marca y lider, pantalón rojo de chandal y camiseta blanca. a A continuación Tomás, casualmente con la misma indumentaria, como hombre fuerte del grupo y un peinado muy a la moda. En tercera posición, yo, bañador que tuvo unos días en que fue ceñido y camiseta algo así como  de color anaranjado....... digamos que era el paquete del grupo. En cuarta posición y sorprendentemente con indumentaria diferente a Tomás (eran como " Los Pecos"), con la clara misión de que me anduviera atento a no desvirtuar la dinámica del equipo, listo para transmitirme sus sabios consejos  si fuera necesario: El gran Fali del Pozo Amarguillo, canoista. 

Una Vez la tripulación estuvo a bordo, se anunció la partida. 

No hubo descarga de artillería, ni ensordecedores griteríos  animando a la ejecución de tan arriesgado devenir. Cuatro valiente enfrentados con lo ignoto. ¡¡Cuatro héroes!!.. . Solo necesitábamos nuestro arrojo y el empuje de Maese Morales que nos dirigió unas últimas palabras de aliento y nos instó , dentro de un breve lapso de tiempo, a un feliz reencuentro en la boca del océano a unas diecisiete a veinte leguas. 

Desde la  seguridad del muelle agitaba animosamente la mano en señal de despedida, tal como sus hijos pródigos que éramos. 

Bueno esto último no me queda más que imaginar que fue así, pues ya tenia toda la vista y entendederas puestas en el lio de paletas que se me presentaba frente a mi. 

-Sigue a Tomás, capullo- era Fali que me aportaba explicitas instrucciones acompañadas de un astillazo de pala por el costado para reforzarla y cerciorarse que la recibía (la instrucción). Obviamente tal acción se aplicaba totalmente carente de malicia o ensañamiento y solo con ánimo de lograr una mayor efectividad en mi proceder.

He de señalar en nuestro favor que ninguno de los allí presentes  había tripulado en tiempos pretéritos tal embarcación de once metros de eslora y que en breve tiempo y fructuosas apreciaciones, aportadas por unos y otros,  le cogimos el tranquillo y pasamos de surcar aguas a volar. 

Ya veía desde mi posición cuan suave y veloz se deslizaba. En pleno disfrute, ya me veía como marca y líder del K4 - como Herminio Menéndez, pensaba- conduciendo a una victoria celestial a mi tripulación y como el paisaje pasaba y se difuminaba por efecto doppleriano.

La primera inundación la padecimos a la altura de el Náutico de Sevilla. La llegada al Puente de Hierro, el cual divisábamos pero no alcanzábamos nos llenó de desesperanza y debilidad. "Igual un K4 tampoco corre tanto", fue el sentir general que sufríamos cual hemorroides, en silencio y cada uno para sus adentros.  Nos animábamos pensando que diez minutos no es nada y que sería la falta de calentamiento y el agarrotamiento del viaje en coche. 

Pasado este hito ya cogimos un ritmo cansino, digamos que de fondo. 

 Atravesamos el Puerto de Sevilla y buscamos algún lugar por donde sortear las esclusas. Casi no nos llenamos de fango y ya estábamos en pleno rio, pulmón y sustento y también cloaca de nuestra patria Andaluza. En la próxima entrega continuaré con lo acaecido. 





2º PARTE Donde se cuenta los preparativos y la partida de aguas sevillanas

Nuestro capitán general D. Francisco Morales había resuelto emprender un largo viaje por el Guadalquivir, donde las corrientes y vientos acechan malignas. 

El fin era transportar la embarcación adquirida a nuestra localidad de Sanlúcar de Barrameda desde donde se hallaba depositado: las instalaciones del Club del El Real Círculo de Labradores de Sevilla.

En siendo el año de nuestro señor Jesuscrhisto de milnueveycientos y ochenta y en el día de la Eucaristía de 3 de marzo  hallábame yo, el que suscribe, en una dulce mañana en brazos de Morfeo en cuando Madre requirió mi despertar por imperativo del citado.

En yo sabiendo de la empresa que andaba trajinando y de las muchas vicisitudes que por la deducción de mi joven mente habían de acaecer.  Llenose mi alma de gozo por la partición en tales aventuras que esperaba iban a suceder.

Dábase el caso que éste no encontró tripulación suficiente para tal logro, con lo cual recurrió a mis servicios como extrema medida. 

Encontrábame yo en esos momentos en plena bisoñez en la práctica del manejo del remo o pala (como es más correcto, al no disponer ésta de apoyo en la embarcación)  y habiéndose cumplido el año y tres días invertidos en tales esfuerzos y ejercicios.  

Siendo informada mi Santa Madre en las faenas que me iba a ver involucrado,  y en no aportándoles muchos detalles de las tales,  y con el aditamento de la sobriedad  en los pormenores más supuestamente escabrosos,  no costó mucha labor obtener el visto bueno de ésta.  

He de decir que mi Padre al que estimaba y respetaba por encima de todas las cosas no se hallaba presente por estar realizado las suyas labores. De no haberse dado esta circunstancia muy posiblemente hubiere tornado la aventura que iba a acaecer en ociosidad obligada acompañada del sucesivo hastío y descontento por mi parte. 

Mirando ella por mi sustento prestose a prepararme unas viandas con las que hacer más llevadero el camino. 

Percatandose Paco de que el tiempo apremiaba, dado que no deberían faltar no más de dos o tres horas  para el mediodía y que aún debíamos trasladar nuestras personas a Sevilla.  Propuso con presteza que tal no había menester pues la logística de la expedición, habiendo previsto tales carestías , la había contrarrestado con una profusa provisión de los más energéticos manjares.

Presto me invitó a que me proveyera a la mayor celeridad de la indumentaria de rigor propia de un día de piraguas cualesquiera: camiseta y bañador.  

Tal era la velocidad que atribuíamos a un K4 que esperábamos el arribo a las playas de Sanlúcar tal vez un poco más tarde de la hora de almorzar. Esto, intuyo a día de hoy , que fue una estratagema del astuto Paco para inculcar prisas en mi proceder.   

El Renault V esperaba en la puerta con Maese D. Morales - al que añadíamos el apelativo de El Corto, puesto que, como puedes, lector, deducir , había otro cuyas dimensiones hacía que fuera bien proceder aplicar la de "El Largo"-  al control y conducción del Vehículo. 

Una vez más, Paco se lo había trajinado, a saber cómo,  para hacerlo participe de otra de sus creaciones mentales y aquél habiéndose  visto comprometido actuaba, en parte,  de catalizador para tomar la iniciativa del proceso y que esta no terminara por consumirse desastradamente.

 El resto de la tripulación, Tomás y Fali, contribuyendo a la tal nombrada presteza producto del aburrimiento y la impaciencia  ya me hacían sitio para ubicarme y partir. 

La contemplación del paisaje -básicamente una extensa e interminable llanura de marisma-, el transcurrir de las leguas del trayecto en la comodidad del coche, o tal vez el sol de la mañana; hizo que se fuera imponiendo cierto nivel de raciocinio que, tras breves deliberaciones, llevaron a nuestros líderes a tomar la opción de ir directo al Prado de San Sebastián.  Y convencer al chofer, al de la taquilla o al primer ministro de los Amarillos para que nos trajera el K4 en el techo del autobús. 

Ni que decir tiene que una vez propuesta la opción no se tardó ni dos con dos  en ser desechada por la muy falta de colaboración a los propuestos. Siendo  el retorno con el rabo entre las piernas soportando la mofa de los allí presentes, más aún cuando estos procuraban mostrar rictus serios.

Una vez en el Real Círculo de Labradores -que se encontraba vacío de personal al estar de descanso por la celebración del consabido  Campeonato de España de larga distancia en el fin de semana anterior (donde obtuvieron la segunda posición tras los Gorilas de Candás)- admiramos nuestro flamante K4

 

El K4 posiblemente el año 82. Está en la explanada hoy ocupada por el pabellón. Se aprecia la puerta corredera de entrada donde está Juanmi (la ropa colgada es suya).

 

Los colores de nuestra patria Andaluza resaltaban estilizadamente en un artilugio que no podía haber sido diseñado para otra cosa que para la más absoluta velocidad . Allí reposaba en el cesped como un tigre al acecho listo para una envestida imposible de refrenar. 

Tal espíritu se nos contagió en tal alta estima que ya no esperábamos terminar el recorrido antes de la hora de almorzar;  sino que lo ejecutaríamos ya mucho antes de los aperitivos, e incluso nos sobraría tiempo. 

Maese Morales inmortalizó esos momento en dos instantáneas - que por cierto algún hideputa extrajo del álbum de fotos del club con la intención ciertamente sibilina de hacer caer en las profundidades de la memoria tal evento y que yo con la fuerza de la palabra me dispongo a lanzarla a la eternidad- En una de ellas se aprecian los preparativos y en la otra la tripulación acoplada, pegada aún al pantalán y a punto de la partida. en Una tercera se muestran los detalles de algunos de los últimos momentos de la aventura que relataré cuando proceda.  

En resumen: : 

Paco como marca y lider, pantalón rojo de chandal y camiseta blanca. a A continuación Tomás, casualmente con la misma indumentaria, como hombre fuerte del grupo y un peinado muy a la moda. En tercera posición, yo, bañador que tuvo unos días en que fue ceñido y camiseta algo así como  de color anaranjado....... digamos que era el paquete del grupo. En cuarta posición y sorprendentemente con indumentaria diferente a Tomás (eran como " Los Pecos"), con la clara misión de que me anduviera atento a no desvirtuar la dinámica del equipo, listo para transmitirme sus sabios consejos  si fuera necesario: El gran Fali del Pozo Amarguillo, canoista. 

Una Vez la tripulación estuvo a bordo, se anunció la partida. 

No hubo descarga de artillería, ni ensordecedores griteríos  animando a la ejecución de tan arriesgado devenir. Cuatro valiente enfrentados con lo ignoto. ¡¡Cuatro héroes!!.. . Solo necesitábamos nuestro arrojo y el empuje de Maese Morales que nos dirigió unas últimas palabras de aliento y nos instó , dentro de un breve lapso de tiempo, a un feliz reencuentro en la boca del océano a unas diecisiete a veinte leguas. 

Desde la  seguridad del muelle agitaba animosamente la mano en señal de despedida, tal como sus hijos pródigos que éramos. 

Bueno esto último no me queda más que imaginar que fue así, pues ya tenia toda la vista y entendederas puestas en el lio de paletas que se me presentaba frente a mi. 

-Sigue a Tomás, capullo- era Fali que me aportaba explicitas instrucciones acompañadas de un astillazo de pala por el costado para reforzarla y cerciorarse que la recibía (la instrucción). Obviamente tal acción se aplicaba totalmente carente de malicia o ensañamiento y solo con ánimo de lograr una mayor efectividad en mi proceder.

He de señalar en nuestro favor que ninguno de los allí presentes  había tripulado en tiempos pretéritos tal embarcación de once metros de eslora y que en breve tiempo y fructuosas apreciaciones, aportadas por unos y otros,  le cogimos el tranquillo y pasamos de surcar aguas a volar. 

Ya veía desde mi posición cuan suave y veloz se deslizaba. En pleno disfrute, ya me veía como marca y líder del K4 - como Herminio Menéndez, pensaba- conduciendo a una victoria celestial a mi tripulación y como el paisaje pasaba y se difuminaba por efecto doppleriano.

La primera inundación la padecimos a la altura de el Náutico de Sevilla. La llegada al Puente de Hierro, el cual divisábamos pero no alcanzábamos nos llenó de desesperanza y debilidad. "Igual un K4 tampoco corre tanto", fue el sentir general que sufríamos cual hemorroides, en silencio y cada uno para sus adentros.  Nos animábamos pensando que diez minutos no es nada y que sería la falta de calentamiento y el agarrotamiento del viaje en coche. 

Pasado este hito ya cogimos un ritmo cansino, digamos que de fondo. 

 Atravesamos el Puerto de Sevilla y buscamos algún lugar por donde sortear las esclusas. Casi no nos llenamos de fango y ya estábamos en pleno rio, pulmón y sustento y también cloaca de nuestra patria Andaluza. En la próxima entrega continuaré con lo acaecido.