( pasa abajo para leer con fuente no artística)
Al
breve de trascurrir en sus aguas divisamos como un ser sibilino - que
no podía proceder más que de las mismas entrañas del Averno del Ponto, Tal vez
enviado por los propios demonios que allí habitan al servicio del
Lucifer de las profundidades y que emerge a la superficie sin más tarea
que traer el mal y la destrucción a la humanidad- el cual nos llenó de
un pavor aterrador que aún en el día de hoy y tras el tiempo
transcurrido me hiela la sangre. Se veía que o bien no disponía de la
habilidad de mirar de reojo, como por ejemplo la familia de los équidos,
o bien su menester de procurar el mal no incluía a nuestras personas. Hizo que este monstruo marino tomara andurrios alejados de
nosotros. El ser infernal de aspecto parecido a una culebra de no más de dos palmos atravesó el río a unos quince metros de nuestra proa haciendo
que nuestras pulsaciones se ajustaran al esfuerzo y no al cangelo. por su denostada presencia. que se alejaba.
El
siguiente episodio tuvo lugar en el paso de Coria del Rio. Divisamos
las blancas casas de esta localidad ribereña.. El infundio de
animosidad que nos produjo tal visión nos aportó un vigor especial. ¡Por
fin! un atisbo de civilización..... después de dos millas..
.El
paisaje de casas trascurría y a mitad más o menos hicimos una parada
puesto que debíamos dar paso a la Barcaza que hacía su servicio de paso
de orilla a orilla. Fuimos consciente como la tripulación y viajeros
percibieron en nuestros ojos la mirada del tigre. Y supongo que se
preguntarían de dónde venían o iban (esos pringaos) .
A partir de aquí la naturaleza salvaje se hizo acopio de nuestras almas.
El
ritmo no se perdió hasta millas más tarde. No recuerdo la hora; pero si
se que era la de comer o más aún, puesto que las necesidades de
sustento de los héroes no es diferente al resto de los mortales. Y las tripas sonaban con especial animosidad.
Allende
en la distancia divisamos un cortijo o similar. Localizamos una orilla apropiada para realizar un desembarque y dar cuenta
de las vituallas energéticas que el equipo de logística había preparado
para nuestro sustento.
las
energéticas vituallas que el equipo de logística había preparado para nuestro sustento consistía básicamente en tres bocadillos de fiambres variados - supongo
que adivináis porqué no eran al menos cuatro- y una botella a media de
agua.
Descubrimos
con pavor que dichas vituallas estaban totalmente empapadas debido a la
penetración del agua de la sentina del buque en las bolsas de plástico
en que se hallaban envueltas y que el susodicho equipo no había testado
previa y convenientemente como hacen los de la NASA y los americanos.
En
una piedra muy apropiada en dimensiones y condiciones decidimos dejar
abiertos los bocadillos a fin de que estos se secaran con el sol y
pudiéramos hincar el diente al menos a la mortadela, chorizo y
salchichón que componía su interior y alegría de nuestros atrofiados
estómagos.
A
continuación nos dirigimos al cortijo allí cercano. No tardó en dar la
voz de alarma los ladridos. El spaniel breton ( o similar) que se dirigió
amenazadoramente hasta nuestro grupo que realizábamos una coreografía
consistente en realizar unas rotaciones entre nosotros, no para buscar
refugio sino para dar refugio valientemente a los compañeros ofreciendo
nuestro pecho descubierto a la posible agresión canina.
No estoy seguro
si el perro, tras percatarse de la calidad de nuestras personas le entró tufillo o fue la voz de la dueña que se acercaba seguida de un par
de chiquillos, lo que hizo que el animal nos oliera un par de veces y continuara
su camino sobrepasando nuestra compaña.
satisfaciendo toda la curiosidad de la dueña, le respondimos a todas sus preguntas.
. Nosotros previamente habíamos convenido en derivar nuestra
verborrea a temas culinarios intentando hacerle ver la necesidad de
tales menesteres por nuestra supervivencia y buen fin de nuestra
empresa.
Entre
chanzas y titubeos propios de las conversaciones informales se ve que
la buena señora o era difícil de convencer o no llegamos a explicarnos
bien o no llegó a captar la esencia del mensaje. El caso es que solo
alcanzamos a que los chiquillos que la acompañaban nos proporcionaran
unos vasos de agua que absorbimos con fruición y deleite para nuestras
gargantas.
En
ello apareció el perro cuyas fauces portaba algo parecido a algún resto de cárnicos procesados. Creo que fue
Fali el que reaccionó el primero gritando ¡los bocadillos! y acto
seguido fue a comprobar la veracidad del cometido crimen.
Por
no importunar a la señora con la mancha de la responsabilidad y la
culpa bromeamos hipócritamente sobre la poca importancia que tenía el
hecho. Nuestras risas ( y la de la señora y chiquillada presente)
contrastaba con el sentir de desgracia e infortunio que nos auguraba un
futuro de escasez y sufrimiento gástrico.
En
esto la buena mujer hizo de pasada una referencia sobre la frecuencia con que los camaroneros se acercaban por aquellas latitudes. De la
conversación que seguimos de forma razonada extraimos la motivante
conclusión de que en la siguiente curva o muy poco más allá debía estar
el brazo del Noroeste donde supuestamente nos esperaba el equipo de
apoyo y/o rescate.
Esto
unido a nuestros estómagos engañados por el relleno de líquido elemento
hizo que nuestras mentes y cuerpos adquirieran un vigor que nos invitó a
continuar con nuestro viaje.
Cuando
después de duro palear giramos en la siguiente curva, apareció otra y
luego otra. Esto, unido a la entrada del poniente, hacia que el palear no
fuera del todo agradable. Cuando mis brazos enflaquecían recibía un
aviso por la retaguardia de lo más estimulante que me hacia restituirme
inmediatamente. Se me venía a la cabeza la escena de Ben-Hur,
esa del galeote cortandose un pie con el hacha para que las cadenas no
lo arrastrasen al fondo.
Cuando las fuerzas daba para poco en todo el equipo decidimos desembarcar y buscar otra forma de llegar a Sanlúcar.
En
un lugar que vimos apropiado realizamos el desembarque e inicialmente
nos dispusimos a descansar con el fin de que con el cerebro mas
centrado viniera alguna idea que nos sacara de aquel infierno. Fali se
echo en el suelo y según relata empezó a notar un "hormigueo" en las
piernas. Efectivamente eran hormigas nativas que lo atacaban
impunemente, con saña y desmesura por lo cual recurrió a toda sus armas
para combatir en esta desigual batalla (para las hormigas).
Estas
cometieron el error de no identificar a nuestro comandante y viendo que
el punto débil eran las piernas atacaban ahí alejadas de puntos vitales y
obviamente más a la mano para ellas. Cabezas y miembros destrozados
volaban por doquier. Las envestidas de tan fieros animales cesaron en
favor del agredido que por no causar más daño retirose del hormiguero y
estas, cobardes no fueron capaces de continuar el combate retirandose a
sus cuarteles.
Observé
la escena y la verdad es que no me reí mucho porque en esos momentos me
volqué hacia atrás clavándome terrones de fango reseco y otros restos
puntiagudos de la naturaleza que en esos momentos me pareció un mullido
colchón y quedome dormido.
Tuve
un extraño sueño donde nos veía a nosotros mismos con harapos,
morriones , espadas y armaduras en a la orilla de un río ecuatorial
negociando hábil y embaucadortamente con desarrapados indígenas.
Intercambiamos oro por baratijas. ¡Qué desigual canje! ¡qué timo! ¡qué
abuso!: Nosotros le dábamos oro y ellos a nosotros...... baratijas.
Despertome
brusca e inesperadamente fruto de un alabardazo en el muslo. Me
incorporé y reaccioné con rapidez felina y aplasté con todas mis ganas
un horripilante ser que con forma de mosca caballo intentaba succionar
todos mis jugos vitales.
Cuando
retiré la mano observé como esta se iba volando muy a la ligera y
en cierto modo aprecié un rictus de sonrisa en sus labios, (de haberlos
tenido).
Pude
comprobar que en esos momentos me encontraba totalmente solo en aquél
erial. Eché un vistazo a mi alrededor y allí en la lontananza pude ver a
tres figuras que se desplazaban en irregular fila india. Me
puse camino de alcanzarlos a ver que estaban tramando o si habían
localizado el camino de nuestra salvación o iban allí por mera
curiosidad. Más al fondo parecía que un vehículo pasaba por un camino o
carretera, así que con un rápido razonamiento lo entendí todo. No
recuerdo si en un plano intermedio había alguna vivienda o similar.
El
caso es que cuando estaba a poco de alcanzarlos, estos se dieron la
vuelta y empezaron a correr hacia mi posición. Esta retirada estratégica
fue debida a la persecución que de pronto empezaron a padecer por parte
de un mismísimo Cancerbero.
Yo
hice lo propio animado con la ventaja que les procesaba y que me daba
una distancia de seguridad ante tal horrendo peligro. Llegado al margen
determinado por su instinto natural la Bestia concluyó su labor pasando
completamente de nosotros y con la satisfacción de su labor cumplida.
Unificado el grupo nos dirigíamos a nuestra nave varada a fin de continuar el camino. En ese momento di la voz de alarma ante la aparición de una nave desde el nordeste. Con la agilidad mental que le caracterizaba, nuestro capitán dio orden de pasar a la carrera, embarcar y dirigirnos a ella a fin de pedir auxilio en nuestra desventura.............

Al
breve de trascurrir en sus aguas divisamos como un ser sibilino - que
no podía proceder más que de las mismas entrañas del Averno del Ponto,
Tal vez
enviado por los propios demonios que allí habitan al servicio del
Lucifer de las profundidades y que emerge a la superficie sin más tarea
que traer el mal y la destrucción a la humanidad- el cual nos llenó de
un pavor aterrador que aún en el día de hoy y tras el tiempo
transcurrido me hiela la sangre. Se veía que o bien no disponía de la
habilidad de mirar de reojo, como por ejemplo la familia de los équidos,
o bien su menester de procurar el mal no incluía a nuestras personas.
Hizo que este monstruo marino tomara andurrios alejados de
nosotros. El ser infernal de aspecto parecido a una culebra de no más de
dos palmos atravesó el río a unos quince metros de nuestra proa
haciendo
que nuestras pulsaciones se ajustaran al esfuerzo y no al cangelo. por
su denostada presencia. que se alejaba.
El
siguiente episodio tuvo lugar en el paso de Coria del Rio. Divisamos
las blancas casas de esta localidad ribereña.. El infundio de
animosidad que nos produjo tal visión nos aportó un vigor especial. ¡Por
fin! un atisbo de civilización..... después de dos millas..
.El
paisaje de casas trascurría y a mitad más o menos hicimos una parada
puesto que debíamos dar paso a la Barcaza que hacía su servicio de paso
de orilla a orilla. Fuimos consciente como la tripulación y viajeros
percibieron en nuestros ojos la mirada del tigre. Y supongo que se
preguntarían de dónde venían o iban (esos pringaos) .
A partir de aquí la naturaleza salvaje se hizo acopio de nuestras almas.
El
ritmo no se perdió hasta millas más tarde. No recuerdo la hora; pero si
se que era la de comer o más aún, puesto que las necesidades de
sustento de los héroes no es diferente al resto de los mortales. Y las tripas sonaban con especial animosidad.
Allende
en la distancia divisamos un cortijo o similar. Localizamos una orilla apropiada para realizar un desembarque y dar cuenta
de las vituallas energéticas que el equipo de logística había preparado
para nuestro sustento.
las
energéticas vituallas que el equipo de logística había preparado para
nuestro sustento consistía básicamente en tres bocadillos de fiambres
variados - supongo
que adivináis porqué no eran al menos cuatro- y una botella a media de
agua.
Descubrimos
con pavor que dichas vituallas estaban totalmente empapadas debido a la
penetración del agua de la sentina del buque en las bolsas de plástico
en que se hallaban envueltas y que el susodicho equipo no había testado
previa y convenientemente como hacen los de la NASA y los americanos.
En
una piedra muy apropiada en dimensiones y condiciones decidimos dejar
abiertos los bocadillos a fin de que estos se secaran con el sol y
pudiéramos hincar el diente al menos a la mortadela, chorizo y
salchichón que componía su interior y alegría de nuestros atrofiados
estómagos.
A
continuación nos dirigimos al cortijo allí cercano. No tardó en dar la
voz de alarma los ladridos. El spaniel breton ( o similar) que se dirigió
amenazadoramente hasta nuestro grupo que realizábamos una coreografía
consistente en realizar unas rotaciones entre nosotros, no para buscar
refugio sino para dar refugio valientemente a los compañeros ofreciendo
nuestro pecho descubierto a la posible agresión canina.
No
estoy seguro
si el perro, tras percatarse de la calidad de nuestras personas le entró
tufillo o fue la voz de la dueña que se acercaba seguida de un par
de chiquillos, lo que hizo que el animal nos oliera un par de veces y
continuara
su camino sobrepasando nuestra compaña.
satisfaciendo toda la curiosidad de la dueña, le respondimos a todas sus preguntas.
. Nosotros previamente habíamos convenido en derivar nuestra
verborrea a temas culinarios intentando hacerle ver la necesidad de
tales menesteres por nuestra supervivencia y buen fin de nuestra
empresa.
Entre
chanzas y titubeos propios de las conversaciones informales se ve que
la buena señora o era difícil de convencer o no llegamos a explicarnos
bien o no llegó a captar la esencia del mensaje. El caso es que solo
alcanzamos a que los chiquillos que la acompañaban nos proporcionaran
unos vasos de agua que absorbimos con fruición y deleite para nuestras
gargantas.
En
ello apareció el perro cuyas fauces portaba algo parecido a algún resto de cárnicos procesados. Creo que fue
Fali el que reaccionó el primero gritando ¡los bocadillos! y acto
seguido fue a comprobar la veracidad del cometido crimen.
Por
no importunar a la señora con la mancha de la responsabilidad y la
culpa bromeamos hipócritamente sobre la poca importancia que tenía el
hecho. Nuestras risas ( y la de la señora y chiquillada presente)
contrastaba con el sentir de desgracia e infortunio que nos auguraba un
futuro de escasez y sufrimiento gástrico.
En
esto la buena mujer hizo de pasada una referencia sobre la frecuencia
con que los camaroneros se acercaban por aquellas latitudes. De la
conversación que seguimos de forma razonada extraimos la motivante
conclusión de que en la siguiente curva o muy poco más allá debía estar
el brazo del Noroeste donde supuestamente nos esperaba el equipo de
apoyo y/o rescate.
Esto
unido a nuestros estómagos engañados por el relleno de líquido elemento
hizo que nuestras mentes y cuerpos adquirieran un vigor que nos invitó a
continuar con nuestro viaje.
Cuando
después de duro palear giramos en la siguiente curva, apareció otra y
luego otra. Esto, unido a la entrada del poniente, hacia que el palear no
fuera del todo agradable. Cuando mis brazos enflaquecían recibía un
aviso por la retaguardia de lo más estimulante que me hacia restituirme
inmediatamente. Se me venía a la cabeza la escena de Ben-Hur,
esa del galeote cortandose un pie con el hacha para que las cadenas no
lo arrastrasen al fondo.
Cuando las fuerzas daba para poco en todo el equipo decidimos desembarcar y buscar otra forma de llegar a Sanlúcar.
En
un lugar que vimos apropiado realizamos el desembarque e inicialmente
nos dispusimos a descansar con el fin de que con el cerebro mas
centrado viniera alguna idea que nos sacara de aquel infierno. Fali se
echo en el suelo y según relata empezó a notar un "hormigueo" en las
piernas. Efectivamente eran hormigas nativas que lo atacaban
impunemente, con saña y desmesura por lo cual recurrió a toda sus armas
para combatir en esta desigual batalla (para las hormigas).
Estas
cometieron el error de no identificar a nuestro comandante y viendo que
el punto débil eran las piernas atacaban ahí alejadas de puntos vitales y
obviamente más a la mano para ellas. Cabezas y miembros destrozados
volaban por doquier. Las envestidas de tan fieros animales cesaron en
favor del agredido que por no causar más daño retirose del hormiguero y
estas, cobardes no fueron capaces de continuar el combate retirandose a
sus cuarteles.
Observé
la escena y la verdad es que no me reí mucho porque en esos momentos me
volqué hacia atrás clavándome terrones de fango reseco y otros restos
puntiagudos de la naturaleza que en esos momentos me pareció un mullido
colchón y quedome dormido.
Tuve
un extraño sueño donde nos veía a nosotros mismos con harapos,
morriones , espadas y armaduras en a la orilla de un río ecuatorial
negociando hábil y embaucadortamente con desarrapados indígenas.
Intercambiamos oro por baratijas. ¡Qué desigual canje! ¡qué timo! ¡qué
abuso!: Nosotros le dábamos oro y ellos a nosotros...... baratijas.
Despertome
brusca e inesperadamente fruto de un alabardazo en el muslo. Me
incorporé y reaccioné con rapidez felina y aplasté con todas mis ganas
un horripilante ser que con forma de mosca caballo intentaba succionar
todos mis jugos vitales.
Cuando
retiré la mano observé como esta se iba volando muy a la ligera y
en cierto modo aprecié un rictus de sonrisa en sus labios, (de haberlos
tenido).
Pude
comprobar que en esos momentos me encontraba totalmente solo en aquél
erial. Eché un vistazo a mi alrededor y allí en la lontananza pude ver a
tres figuras que se desplazaban en irregular fila india. Me
puse camino de alcanzarlos a ver que estaban tramando o si habían
localizado el camino de nuestra salvación o iban allí por mera
curiosidad. Más al fondo parecía que un vehículo pasaba por un camino o
carretera, así que con un rápido razonamiento lo entendí todo. No
recuerdo si en un plano intermedio había alguna vivienda o similar.
El
caso es que cuando estaba a poco de alcanzarlos, estos se dieron la
vuelta y empezaron a correr hacia mi posición. Esta retirada estratégica
fue debida a la persecución que de pronto empezaron a padecer por parte
de un mismísimo Cancerbero.
Yo
hice lo propio animado con la ventaja que les procesaba y que me daba
una distancia de seguridad ante tal horrendo peligro. Llegado al margen
determinado por su instinto natural la Bestia concluyó su labor pasando
completamente de nosotros y con la satisfacción de su labor cumplida.
Unificado
el grupo nos dirigíamos a nuestra nave varada a fin de continuar el
camino. En ese momento di la voz de alarma ante la aparición de una nave
desde el nordeste. Con la agilidad mental que le caracterizaba, nuestro
capitán dio orden de pasar a la carrera, embarcar y dirigirnos a ella a
fin de pedir auxilio en nuestra desventura.............